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La Conciencia (Ana Maria Matute)

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Below is an Embedded Reading for the wonderful short story “La Conciencia” by Ana Maria Matute created for students at the University School of Milwaukee.

“La Conciencia”  Historias de la Artámila  © Ana Maria Matute

© Ediciones Destino  Barcelona, Spain 1961

All credit and rights belong to the aformentioned.

You can find the original version of the story in many locations including this site.
(the last version below is NOT the original but would be used just before reading the original piece.)

You’ll notice that one change from level to level will be the use of synonyms to help students navigate from a simpler version of the story to the original.

Base Versión  LA CONCIENCIA por Ana María Matute

 

No podría resistir la presencia del vagabundo.  No comprendía la tolerancia de Antonio con aquel hombre.

El vagabundo pidió hospitalidad por una noche.  Ella oyó su llamada en la puertecilla:

_Posadera …

El hombre viejo estaba allí.

_Dios le refugie … _ empezó a decir. Pero el vagabundo le miraba.

Muchos hombres pedían refugio. El vagabundo empezó a recitar: “Por una noche, que le dejaran dormir y un pedazo de pan … “. Mariana oyó la lluvia que llegaba antes de la tormenta.

_Estoy sola _ dijo Mariana _. Mi esposo no está. Vete, y que Dios te ayude.

Pero el vagabundo se puso su sombrero, y dijo:

_Soy un pobre viejo, posadera….

_Bueno _ dijo _Pero sólo por esta noche….

Mariana fue a acostarse. Durante la noche escuchó la tormenta.

A la mañana se quedó sorprendida. Sentado a la mesa, el vagabundo desayunaba.

Le dijo con la rabia, _ ¿ Cómo no se ha marchado?

El vagabundo se había levantado. Mariana quiso decir algo más, pero no pudo. El viejo la miraba. Ella salió de la cocina.  La lluvia había cesado. Oyó el viejo:

_Quisiera hablar, señora posadera…. Yo sé mucho. Yo estaba allí. Yo lo vi, Lo vi, con estos ojos

_¿Qué dices,? _ dijo Mariana_.

Ledijo el vagabundo._ No quieres que sepa tu marido…. _

Mariana se volvió. “¿Qué es lo que sabe … ? ¿Qué es lo que vio?” Le miró, con miedo. El viejo sonreía.

_Me quedaré un tiempo.

Mariana echó a correr. Al borde del pozo se paró. El  corazón latía fuerte.

Luego, llegó Antonio. En el pueblo Antonio tenía fama de rico. “ Y si no lo fuera, “pensaba Mariana “¿me habría casado con él?”. No era difícil comprender por qué se había casado con aquel hombre, que tenía catorce años más que ella, aunque Constantino estaba enamorado de ella. Pero Constantino era un simple granjero. Y ella estaba harta de tener hambre.

Hacía días que el viejo entró en la posada. El primer día Antonio preguntó:

_¿ Y ése, que hace ahí?

_ _ Es tan viejo … dijo ella. Y hace tan mal tiempo …

Antonio no dijo nada. Y ella tenía miedo.¿Qué significó lo vi todo, sí, lo vi con  estos ojos?”

Antonio no limitaba a ignorarle.

Un día, Mariana oyó al viejo. ” Le diré que se vaya.”. Se sentía enferma de miedo. Se dijo: “Si tuviera valor le mataría.  Soy una gran cobarde.”

_Viejo _ exclamó.  _Ven conmigo _le dijo _.

El viejo la siguió hasta el pozo. Le dijo a él:

_ Te vas de  esta casa…

El viejo observó.

_ Vete _ dijo Mariana _.

Él conocía esos ojos. Se dijo. ” Tengo que seguir”.

_Está bien _ dijo _Pero él sabrá todo.

_Ahora mismo _ dijo ella, _Vete … ¡ Ya puedes correr…

El vagabundo sonrió.  Iba a salir, pero, se volvió:

_ Nadie hay en el mundo con la conciencia pura, ni siquiera  los niños.

El viejo vagabundo cerró la puerta tras él, y se volvió a mirarla. Su risa era maligna, al decir:

_Un consejo, posadera: vigila a tu Antonio.

Mariana le vio partir.

 

 

Versión 2  LA CONCIENCIA por Ana María Matute

No podría resistir más la presencia de aquel vagabundo.  No comprendía la tolerancia de Antonio con aquel hombre.

El vagabundo pidió hospitalidad por una noche cuando se batía un viento contra los vidrios de las ventanas. Luego, llegó una calma a la tierra, y ella pensó:

_No me gusta esta calma.

Cuando llegó aquel hombre, oyó su llamada en la puertecilla de la cocina:

_Posadera …

El hombre viejo estaba allí, en actitud de mendigar.

_Dios le refugie … _ empezó a decir. Pero los ojos del vagabundo le miraban.

Muchos hombres pedían refugio en el invierno. El vagabundo empezó a recitar: “Por una noche, que le dejaran dormir y un pedazo de pan … “.

Mariana oyó la lluvia. Una lluvia que llegaba antes de la tormenta.

_Estoy sola _ dijo Mariana _. Mi esposo no está, no quiero gente en casa. Vete, y que Dios te ayude.

Pero el vagabundo se puso su sombrero, y dijo:

_Soy un pobre viejo, posadera….

En aquel momento las dos criadas entraron. Mariana sintió un alivio al verlas.

_Bueno _ dijo _Pero sólo por esta noche….

Mariana fue a acostarse. Duran­te la noche escuchó la tormenta y tuvo un mal dormir.

A la mañana se quedó sorprendida. Sentado a la mesa, el vagabundo desayunaba.

A la criada_ dijo con la rabia, _ ¿ Cómo no se ha marchado?

El vagabundo se había levantado.

_Señora _ dijo _, “usted dijo: “Que le den una cama y que le den de comer.” Yo lo oía… “

Mariana quiso decir algo, pero no pudo. El viejo la miraba. Ella salió de la cocina.  La lluvia había cesado. La hierba estaba mojada.  Oyó el viejo:

_Quisiera hablar, señora posadera…. Yo soy vagabundo … los  vagabundos saben mucho. Yo estaba allí. Yo lo vi, Lo vi, con estos ojos

_¿Qué dices,? _ dijo Mariana_. ¡Mi marido no aguanta bromas de nadie!

_Ya lo sé! _dijo el vagabundo._ No quieres que sepa …. _

Mariana se volvió. “¿Qué es lo que sabe … ? ¿Qué es lo que vio?” Le miró, con miedo. El viejo sonreía.

_Me quedaré un tiempo: sí, hasta que la lluvia salga.

Mariana echó a correr. Al borde del pozo se paró. El  corazón latía fuerte.

Luego, llegó Antonio con el carro. En el pueblo Antonio tenía fama de rico. “Fama de rico”, pensaba Mariana. “ Y si no lo fuera, ¿me habría casado con él?”. No, no era difícil comprender por qué se había casado con aquel hombre, que tenía catorce años más que ella. Ella era guapa.  Aún pensaba Constantino, que estaba enamorado de ella. Pero Constantino era un simple granjero, como ella. Y ella estaba harta de tener hambre. Por eso se casó con Antonio.

Hacía días que el viejo entró en la posada. El primer día Antonio preguntó:

_¿ Y ése, que hace ahí?

_ _ Es tan viejo … dijo ella. Y hace tan mal tiempo …

Antonio no dijo nada. Y ella tenía miedo.¿Qué significó lo vi todo, sí, lo vi con  estos ojos?”

Y lo extraño es que Antonio no limitaba a ignorarle.

Aquella tarde Antonio se marchaba. Mariana oyó al viejo. Mariana sentía frío. “Ya no puedo más.. Le diré que se vaya.”. Se sentía enferma de miedo. La sola idea le hacía temblar.

Fue a la cocina. El viejo dormitaba. Le contempló, y se dijo: “Si tuviera valor le mataría.  Soy una gran cobarde.”

_Viejo _ exclamó.  El vagabundo abrió uno de sus ojos.  _Ven conmigo _le dijo _.

El viejo la siguió hasta el pozo. Le dijo a él:

_ Te vas de  esta casa…

El viejo no dijo nada por unos segundos.

_¿Cuándo vuelve el señor posadero?

Mariana estaba blanca. El viejo observó.

_ Vete _ dijo Mariana _.

Él conocía esos ojos. “Ya no hay nada que hacer”, se dijo. ” Tengo que seguir”.

_Está bien _ dijo _Pero él sabrá todo.

Mariana estaba pálida.  El viejo tuvo un ligero temor:  “Esta es capaz de hacer algo gordo.”

_Bueno _ dijo _. Me voy … No lo olvidaré.

_Ahora mismo _ dijo ella, _Vete … ¡ Ya puedes correr…

El vagabundo sonrió.  Iba a salir, pero, se volvió:

_Llevo  muchos años de camino.  Nadie hay en el mundo con la conciencia pura, ni siquiera  los niños. Mira a un niño a los ojos, y dile: “¡Lo sé todo! Anda con cuidado … “. Y el niño temblará.

Mariana sintió algo extraño, como algo roto, en el corazón. No sabía si era amargo, o lleno de una violenta alegría. El viejo vagabundo cerró la puerta tras él, y se volvió a mirarla. Su risa era maligna, al decir:

_Un consejo, posadera: vigila a tu Antonio. Sí: el señor posadero también tiene motivos para permitir en su casa a los viejos sin trabajo.

La niebla, por el camino, se espesaba. Mariana le vio partir, hasta perderse en la distancia.

 


Versión 3  LA CONCIENCIA por Ana María Matute

 Estaba convencida de que no podría resistir más la presencia de aquel vagabundo. Acabar de una vez; no podía soportar su tiranía. Lo que no comprendía era la tolerancia de Antonio para con aquel hombre. Era extraño.

El vagabundo pidió hospitalidad por una noche cuando se batía un viento que azotaba los vidrios de las ventanas. Luego, el viento cesó. Llegó una calma a la tierra, y ella pensó:

_No me gusta esta calma.

Cuando llegó aquel hombre, oyó su llamada en la puertecilla de la cocina:

_Posadera …

El hombre viejo estaba allí, con el sombrero en la mano, en actitud de mendigar.

_Dios le refugie … _ empezó a decir. Pero los ojos del vagabundo le miraban de un modo extraño.

Muchos hombres como él pedían refugio, en el invierno. Pero aquel hombre la asustó. El vagabundo empezó a recitar: “Por una noche, que le dejaran dormir y un pedazo de pan:  Llegaba la tormenta … “.

Mariana oyó la lluvia contra la puerta. Una lluvia  que llegaba antes de la tormenta.

_Estoy sola _ dijo Mariana _. Cuando mi esposo no está, no quiero gente desconocida en casa. Vete, y que Dios te ayude.  Pero el vagabundo se puso su sombrero, y dijo:

_Soy un pobre viejo, posadera. Pido poco…

En aquel momento las dos criadas entraron. Venían de la huerta y Mariana sintió un alivio al verlas.

_Bueno _ dijo _. Está bien … Pero sólo por esta noche. Que mañana no te encuentre aquí…

Mariana fue a acostarse. Duran­te la noche la tormenta azotó las ventanas y tuvo un mal dormir. A la mañana, al bajar, se quedó sorprendida. Sentado a la mesa, el vagabundo desayunaba: huevos fritos, un trozo de pan, … Mariana sintió ira, tal vez con el temor, y se enfrentó con la criada:

_ ¿ Cómo no se ha marchado?

La rabia la dominaba. La criada se quedó con la boca abierta. El vagabundo se había levantado.

_Señora _ dijo _, usted dijo anoche: “Que le den al pobre viejo una cama y que le den de comer cuanto pida”. Yo lo oía…

Mariana quiso decir algo, pero no pudo. El viejo la miraba. Ella salió por la puerta de la cocina. El día amaneció gris, pero la lluvia había cesado. La hierba estaba mojada, y lejos la carretera se desaparecía en una neblina. Oyó el viejo:

_Quisiera hablar, señora posadera…. Yo soy vagabundo … pero a veces, los  vagabundos saben mucho. Yo estaba allí. Yo lo vi, Lo vi, con estos ojos

_¿Qué dices,? _ dijo Mariana_. ¡Mi marido llegará con el carro, y no aguanta bromas de nadie!

_Ya lo sé que no aguanta bromas de nadie! _dijo el vagabundo. No quieres que sepa … lo que yo vi aquel día.

Mariana se volvió rápidamente. Su corazón latía. “¿Qué es lo que sabe … ? ¿Qué es lo que vio?” Le miró, con odio y miedo. El viejo sonreía.

_Me quedaré un tiempo: sí, hasta que la lluvia salga.  Porque soy viejo…

Mariana echó a correr. Al borde del pozo se paró. El corazón latía fuerte.

Aquél fue el primer día. Luego, llegó Antonio con el carro. Antonio tenía el único comercio ­de la aldea. Su casa estaba a la entrada del pueblo. En el pueblo Antonio tenía fama de rico. “Fama de rico”, pensaba Mariana. Desde llegada del vagabundo, estaba pálida. “ Y si no lo fuera, ¿me habría casado con él?”. No, no era difícil comprender por qué se había casado con aquel hombre, que tenía catorce años más que ella. Un hombre antipático. Ella era guapa. Sí: todo el pueblo decía que era guapa. También Constantino, que estaba enamorado de ella. Pero Constantino era un simple granjero, como ella. Y ella estaba harta de tener hambre. Sí; estaba harta. Por eso se casó con Antonio.

Mariana sentía extraña. Hacía días que el viejo entró en la posada. El primer día Antonio preguntó:

_¿ Y ése, que hace ahí?

_Me dio lástima _ dijo ella. Es tan viejo …  Y hace tan mal tiempo …

Antonio no dijo nada. Y ella tenía miedo. Si el viejo vio algo las noches que iba Antonio no estaba… “. ¿Qué significó lo vi todo, sí, lo vi con  estos ojos?”

Ya no podía más. Y lo extraño es que Antonio no limitaba a ignorarle. Aquella tarde Antonio se marchaba. Mariana oyó al viejo con la criada. Mariana sentía frío. “Ya no puedo más.. Le diré que se vaya. La vida no es vida así“. Se sentía enferma de miedo. La sola idea le hacía temblar.

Ella fue a la cocina. El viejo dormitaba. Le contempló, y se dijo: “Si tuviera valor le mataría”. Pero sabía que no podía hacerlo. “Soy una gran cobarde.”

_Viejo _ exclamó. Aunque habló en voz quieta, el vagabundo abrió uno de sus ojos. “No dormía”__, se dijo Mariana.

_Ven conmigo _le dijo _.

El viejo la siguió hasta el pozo. Le dijo a él:

_ Puedes decirle todo a mi marido, si quieres. Pero, te vas de  esta casa…

El viejo no dijo nada por unos segundos.

_¿Cuándo vuelve el señor posadero?

Mariana estaba blanca. El viejo observó su rostro hermoso.

_ Vete _ dijo Mariana _.

Sí: Estaba decidida y desesperada. Él conocía esos ojos. “Ya no hay nada que hacer”, se dijo. ” Acabaron las comidas. Tiene que seguir”.

_Está bien _ dijo _. Me iré. Pero él sabrá todo.

Mariana estaba aún más pálida. De pronto, el viejo tuvo un ligero temor:  “Esta es capaz de hacer algo gordo.” Sintió piedad. Era joven, aún, y hermosa.

_Bueno _ dijo _. Me voy … ¿qué le vamos a hacer? Claro que pasé muy tiempo aquí. … No lo olvidaré. Me voy.

_Ahora mismo _ dijo ella, de prisa _Vete … Ya puedes correr…

El vagabundo sonrió. Recogió sus cosas. Iba a salir, pero, se volvió:

_Naturalmente, señora posadera.  Llevo  muchos años de camino.  Nadie hay en el mundo con la conciencia pura.  Anda con cuidado … “.

Mariana sintió algo extraño. No sabía lo que era.  El viejo vagabundo cerró la puerta tras él, y se volvió a mirarla. Su risa era maligna, al decir:

_Un consejo, posadera: vigila a tu Antonio. Sí: el señor posadero tiene motivos para permitir en su casa a los viejos. ¡Motivos muy buenos!

La niebla, por el camino, se espesaba. Maraina le vio partir, hasta perderse en la lejanía.

 

 

 

 

 

 

Version 4:  LA CONCIENCIA por Ana María Matute

Ya  no podía más. Estaba convencida de que no podría resistir más la presencia de aquel odioso vagabundo. Estaba decidida a terminar. Acabar de una vez; no podía soportar su tiranía. Llevaba días en aquella lucha. Lo que no comprendía era la tolerancia de Antonio para con aquel hombre. No: verdaderamente, era extraño.

El vagabundo pidió hospitalidad por una noche: la noche del Miércoles de ceniza,  cuando se batía el viento arrastrando un polvo negro, que azotaba los vidrios de las ventanas con un sonido árido. Luego, el viento cesó. Llegó una calma a la tierra, y ella pensó, mientras ajustaba las puertas de las ventanas:

_No me gusta esta calma.

Efectivamente, no había echado el pasador de la puerta cuando llegó aquel hombre. Oyó su llamada en la puertecilla de la cocina:

_Posadera …

Mariana tuvo un sobresalto. El hombre viejo estaba allí, con el sombrero en la mano, en actitud de mendigar.

_Dios le ampare … _ empezó a decir. Pero los ojos del vagabundo le miraban de un modo extraño. De un modo que le cortó las palabras.

Muchos hombres como él pedían amparo, en las noches de invierno. Pero algo había en aquel hombre que la asustó sin motivo. El vagabundo empezó a recitar su cantinela: “Por una noche, que le dejaran dormir y un pedazo de pan: no pedía más. Se anunciaba la tormenta … “.

Afuera, Mariana oyó el redoble de la lluvia contra la puerta de madera. Una lluvia sorda, gruesa; anuncio de la tormenta.

_Estoy sola _ dijo Mariana _. Quiero decir … cuando mi marido no está, no quiero gente desconocida en casa. Vete, y que Dios te ampare.

Pero el vagabundo se estaba quieto, mirándola. Se puso su sombrero, y dijo:

_Soy un pobre viejo, posadera. Pido poco: un pedazo de pan …

En aquel momento las dos criadas, Marcelina y Sa­lomé, entraron. Venían de la huerta, con los delantales sobre la cabeza. Mariana sintió un alivio al verlas.

_Bueno _ dijo _. Está bien … Pero sólo por esta noche. Que mañana no te encuentre aquí…

El viejo dijo un extraño romance de gracias.   Mariana subió la escalera y fue a acostarse. Duran­te la noche la tormenta azotó las ventanas de la alcoba y tuvo un mal dormir.

A la mañana, al bajar a la cocina, daban las ocho en el reloj. Sólo entrar se quedó sorprendida. Sentado a la mesa, tran­quilo, el vagabundo desayunaba en abundancia: huevos fritos, un trozo de pan, vino … Mariana sintió un golpe de ira, tal vez mezclado con el temor, y se enfrentó con Salomé, que, tranquilamente trabajaba:

_jSalomé! _ dijo, y su voz le sonó dura_. ¿Quién te ordenó dar a este hombre … y cómo no se ha marchado?

Sus palabras se cortaban por la rabia que la dominaba. Salomé se quedó boquiabierta, con la cuchara en alto, que goteaba.

_Pero yo … _ dijo _. Él me dijo …

El vagabundo se había levantado y se limpiaba los labios contra la manga.

_Señora _ dijo _, señora, usted no recuerda … usted dijo anoche: “Que le den al pobre viejo una cama y que le den de comer cuanto pida”. ¿No lo dijo anoche la señora posadera? Yo lo oía… ¿O está arrepentida ahora?

Mariana quiso decir algo, pero se le había helado la voz. El viejo la miraba, con sus ojos penetrantes. Dio media vuelta, y salió por la puerta de la cocina, hacia el huerto. El día amaneció gris, pero la lluvia había cesado. Mariana tembló de frío. La hierba estaba mojada, y lejos la carretera se desaparecía en una neblina. Oyó detrás de ella el viejo:

_Quisiera hablarle algo, señora posadera….

Mariana siguió inmóvil, mirando hacia la carretera.

_Yo soy vagabundo … pero a veces, los  vagabundos se enteran de las cosas. Sí: yo estaba  allí. Yo lo vi, señora posadera. Lo vi, con estos ojos

Mariana no pudo decir nada.

_¿Qué dices,? _ dijo _. ¡Te digo que mi marido llegará con el carro, y no aguanta bromas de nadie!

_Ya lo sé que no aguanta bromas de nadie! _dijo el vagabundo. Por eso , no querrá que sepa … nada de lo que yo vi aquel día.

Mariana se volvió rápidamente. La ira había desaparecido. Su corazón latía. “¿Qué es lo que sabe … ? ¿Qué es lo que vio?” Pero no dijo nada, le miró, con odio y miedo. El viejo sonreía.

_Me quedaré un tiempo: sí, para reponer fuerzas, hasta que vuelva el sol. Porque soy viejo y tengo las piernas muy cansadas….

Mariana echó a correr. El viento le daba en cara. Al borde del pozo se paró. El  corazón parecía salírsele del pecho.

Aquél fue el primer día. Luego, llegó Antonio con el carro. Antonio subía mercancías de Palomar. Además de posaderos, tenían el único comercio ­de la aldea. Su casa, rodeada por el  huerto, estaba a la entrada del pueblo. En el pueblo Antonio tenía fama de rico. “Fama de rico”, pensaba Mariana, inquieta. Desde llegada del odioso vagabundo, estaba pálida. “ Y si no lo fuera, ¿me habría casado con él?”. No, no era difícil comprender por qué se había casado con aquel hombre brutal, que tenía catorce años más que ella. Un hombre antipático y solitario. Ella era guapa. Sí: todo el pueblo lo sabía y decía que era guapa. También Constantino, que estaba enamorado de ella. Pero Constantino era un simple granjero, como ella. Y ella estaba harta de pasar hambre, y trabajos, y tristezas. Sí; estaba harta. Por eso se casó con Antonio.

Mariana sentía un temblor extraño. Hacía días que el viejo entró en la posada. El primer día Antonio preguntó:

_¿ Y ése, que hace ahí?

_Me dio lástima _ dijo ella. Es tan viejo …  Y hace tan mal tiempo …

Antonio no dijo nada. Le pareció que  iba a echarle de allí. Y ella tenía miedo. Sí: tenía mucho miedo …”Si el viejo vio a Constantino subir al castaño, bajo ventana. Si le vio saltar a la habitación, las noches que iba Antonio con el carro, de camino … “. ¿Qué quería decir con aquello de lo vi todo, sí, lo vi con  estos ojos?”

Ya no podía más. El viejo no se limitaba a vivir en la casa. Había empezado a pedir dinero, también. Y lo extraño es que Antonio no volvió a hablar de él. Se limitaba a ignorarle. María sentía sus ojos grandes y negros, y temblaba.

Aquella tarde Antonio se marchaba a Palomar. Estaba terminando de poner los mulos al carro, y oía las voces del viejo mezcladas a las de Salomé. Mariana sentía frío. “Ya no puedo más. Vivir así es imposible. Le diré que se vaya. La vida no es vida con esta amenaza”. Se sentía enferma de miedo. Lo de Constantíno había cesado. Ya no podía verlo. La sola idea le hacía temblar. Sabía que Antonio la  mataría. Le conocía bien.

Cuando vio el carro en la carretera bajó a la cocina. El viejo dormitaba junto al fuego. Le contempló, y se dijo: “Si tuviera valor le mataría”. Allí estaban las tenazas, a su alcance. Pero sabía que no podía hacerlo. “Soy una gran cobarde y tengo amor a la vida”. Esto la perdía: “Este amor a la vida … “.

_Viejo _ exclamó. Aunque habló en voz quieta, el vagabundo abrió uno de sus ojos maliciosos. “No dormía”__, se dijo Mariana. ” Es un viejo zorro”.

_Ven conmigo _le dijo _. Te tengo que hablar.

El viejo la siguió hasta el pozo. Allí Mariana se volvió  a mirarle.

_Puedes hacer lo que quieras. Puedes decirle todo a mi marido, si quieres. Pero, te vas de  esta casa, en seguida …

El viejo no dijo nada por unos segundos. Luego, sonrió.

_¿Cuándo vuelve el señor posadero?

Mariana estaba blanca. El viejo observó su rostro hermoso. Había perdido peso.

_ Vete _ dijo Mariana _. Vete en seguida.

Sí: en sus ojos lo leía el vagabundo, Estaba decidida y desesperada. Él tenía experiencia  y conocía esos ojos. “Ya no hay nada que hacer”, se dijo. “Ha terminado el buen tiempo. Acabaron las comidas, el  abrigo. Adelante viejo. Tiene que seguir”.

_Está bien _ dijo _. Me iré. Pero él sabrá todo.

Mariana seguía en silencio. Estaba aún más pálida. De pronto, el viejo tuvo un ligero temor:  “Esta es capaz de hacer algo gordo.” Sintió piedad. Era joven, aún, y hermosa.

_Bueno _ dijo _. Ha ganado la señora posadera. Me voy … ¿qué le vamos a hacer? Claro que pasé muy tiempo aquí. … No lo olvidaré. Me voy.

_Ahora mismo _ dijo ella, de prisa _. vete … ¡Y ya puedes correr, si quiere alcanzarle a él! Ya puedes correr…

El vagabundo sonrió. Recogió sus cosas. Iba a salir, pero, se volvió:

_Naturalmente, señora posadera, yo no vi nada. Vamos: ni siquiera sé si había algo que ver. Pero llevo  muchos años de camino.  Nadie hay en el mundo con la conciencia pura, ni siquiera  los niños. Mira a un niño a los ojos, y dile: “¡Lo sé todo! Anda con cuidado … “. Y el niño temblará.

Mariana sintió algo extraño, como algo roto, en el corazón. No sabía si era amargo, o lleno de una violenta alegría. No lo sabía.  El viejo vagabundo cerró la puerta tras él, y se volvió a mirarla. Su risa era maligna, al decir:

_Un consejo, posadera: vigila a tu Antonio. Sí: el señor posadero también tiene motivos para permitir en su casa a los viejos sin trabajo. ¡Motivos muy buenos, por el modo como me miró!

La niebla, por el camino, se espesaba. Mariana le vio partir, hasta perderse en la lejanía.

 

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6 thoughts on “La Conciencia (Ana Maria Matute)

  1. This is one story I read with my students (Spanish 4-ish) every year. But this year I’m going to use these readings first to make it more comprehensible to ALL students in the class.
    There are so many great Matute stories I’d love to share with students if only there were more time!
    Love this site!!!!

  2. I was just about to make a set of embedded readings for this story… I am so glad that I checked this website first! Thank you 🙂

  3. Pingback: La Conciencia by Ana Maria Matute…a question for readers | Embedded Reading

  4. I used the embedded reading this week with Spanish IV–a student said this was her favorite story in Album so far, and she credited this embedded reading with making it accessible to her. She said she associates the previous reading (Prisa) with struggle, although the class really liked it once they tore it apart and understood it. I wish there were embedded readings for more of the Album selections! (Are there?)

  5. Dear Rita,

    Thank you so much for sharing this!! This is exactly the reason we so believe so strongly in Embedded Readings! I’ll try to keep you posted on more readings that will align with your text.

    with love,
    Laurie

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